Mostrando entradas con la etiqueta haibun. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta haibun. Mostrar todas las entradas

sábado, 28 de julio de 2012

Tras una semana en la que el calor sofocante y la calima han cubierto la isla, hoy ha amanecido nublado. Los vientos alisios traen el frescor del océano y algunas nubes, que van cubriendo la ciudad durante la mañana. 
A mediodía comienza a llover. Un inesperado aguacero, que provoca ese inconfundible aroma...

                     Olor a lluvia,
                    de la espina del cactus
                                                                        pende una gota.                                                                                          
                                           

Cuando el chubasco cesa, el paisaje se ve con esa claridad que deja la lluvia a su paso. Después de tantos días, el aire es limpio y, al fin, vuelvo a ver el mar desde mi ventana.

                           
                             Tarde de julio,
                           sólo el cielo azul
                                y la luna...
                   
                                                    
                                                    
                                                  
                                                    
                                                           

sábado, 13 de agosto de 2011

Estamos en uno de los parajes más bonitos de la isla. Por el camino, eucaliptos, alcornoques y araucarias se alzan imponentes hacia las nubes. Los niños, encantados de salir del aula por un día, miran asombrados a su alrededor. El ruido de las botas en la tierra del sendero se une a sus voces y a la de los pájaros que salen a nuestro encuentro.
Después de caminar un buen trecho, llegamos a una explanada, donde la hierba se extiende más allá de nuestra vista. Dejamos las mochilas a un lado y nos tumbamos sintiendo el frescor en la piel. Algunos niños no pueden reprimir el impulso y se echan a correr, gritando a pleno pulmón, rodando sobre sí mismos. 
Tras descansar, reanudamos la marcha. Llegamos al bosque de laurisilva. La humedad, el verdor nos rodea. Pequeñas sombras se deslizan entre las ramas sin apenas ruido, tal vez sean los duendes, dicen.
Los niños caminan en silencio entre musgos y helechos milenarios envueltos en neblina, mirando, oliendo, tocando... Sin horarios, sin normas, sintiendo la esencia de este bosque primitivo.
                                                                       
                                               Musgo en las piedras,
                                             haces de luz se filtran
                                                  entre las hojas. 

 

martes, 21 de junio de 2011

El cielo tiene un tono rojizo mientras las últimas gaviotas se alejan. La arena aún conserva el calor del sol. Las olas llegan hasta mis pies desnudos y se retiran sin apenas ruido. Mientras avanzo por la orilla, la marea que se retira, va dejando al descubierto callaos húmedos y brillantes, trocitos de conchas, y piedrecitas de formas caprichosas, algunas de las cuales guardo en mi bolsillo. A contraluz, la silueta de un barco se desplaza lentamente. Sigo caminando y llego hasta una zona rocosa. En el horizonte, el sol es ya apenas un reflejo dorado. Entre las piedras verdosas quedan charquitos de agua clara donde nadan diminutos peces.
Sin darme cuenta ha oscurecido. El aire fresco, el olor de las algas, el roce de las piedras... nada ha cambiado y sin embargo, qué distinto cuando anochece.
                                                            Huele a salitre,
                                                        el brillo de la luna
                                                          entre las peñas.

  Autor de la fotografía: Juan R. Rodriguez Sosa
  http://elcoleccionistadeinstantes.blogspot.com/
           

lunes, 6 de junio de 2011

En la casa todos duermen desde hace rato. Salgo a la terraza donde el aire fresco eriza mi piel. Enfrente, en la ladera del monte, parpadean las luces anaranjadas de las viejas farolas, bordeando el sendero.
El aroma de las flores es intenso, mezclado con el olor de la tierra, del campo. Durante unos minutos cierro los ojos y aspiro profundamente. A lo lejos, un perro aúlla. Miro al cielo, sin nubes esta noche de primavera. En silencio, las estrellas titilan en la inmensidad del universo. Mi cuerpo se hace más y más pequeño...

                                                 La luna nueva...
                                         el viento trae sonidos
                                           desde la oscuridad.

lunes, 9 de mayo de 2011

 
Es una mañana de primavera. El cielo luce azul claro y sopla el alisio. Atravieso el barranco por un antiguo puente de madera. El eco de mis pisadas resuena en el aire. Sobre una piedra reposa un lagarto, casi tan gris como la propia roca. Procuro acercarme sin ruido pero, apenas nota mi presencia, se esconde. Sigo caminando hasta llegar a una pequeña laguna. Dos libélulas pasan rozando levemente la hierba y vuelven a elevarse casi a la vez... Después de un breve descanso, me adentro en el pinar. La tierra cubierta de pinocha tiene un aroma inconfundible. ¡Qué pequeña mi sombra junto a los pinos! Siempre me han gustado los árboles, tocarlos, abrazarlos... me transmiten paz y seguridad. Entre las ramas se escucha el canto del herrerillo, del pinzón, y algunos trinos que no conozco pero que son igual de bellos. El tiempo parece haberse detenido. Cuando llego a la linde del bosque ya es mediodía. Desde la altura en la que me encuentro puedo ver el mar que rodea la isla, busco una sombra y me siento a contemplar...

                                              Sol de mayo,
                                          las flores amarillas
                                             de la tunera.